No miedo

¿Qué nos motiva en el trabajo? Tenemos tres tipos de motivos que explican nuestro comportamiento en el trabajo: El logro, la afiliación y el poder. Pero los motivos anteriores son sólo una cara de  la misma moneda. En la otra cara, se oculta nuestro miedo. Quien busque el logro  temerá el fracaso (miedo al error, a tomar decisiones, a no ser reconocido), quien precisa sentirse integrado en el grupo le aterrará la soledad o el rechazo (miedo a ser distinto,   a destacar, o a relacionarse con las personas) y a quien le seduce el poder, perderlo le será  algo insufrible (perder un puesto importante, miedo a no ser reconocido socialmente). Conocer la motivación es conocer el miedo.  El miedo que moviliza para evitar una amenaza. Dicha amenaza depende de la seguridad y confianza que tengamos en nosotros mismos.

A los tres anteriores, hay que sumarles otros dos miedos también muy importantes: El miedo a la no supervivencia (miedo a no llegar a fin de mes, a perder el trabajo) y  el miedo al cambio (de funciones, de localización).

¿Cuál es el miedo más básico?.  El miedo a la no supervivencia. ¿Y el miedo que más nos puede afectar?  El miedo a la no supervivencia.  ¿Por qué? Porque estamos viviendo una situación que activa el miedo a  la no supervivencia. La vulnerabilidad en perder el empleo y las dificultades por encontrar de nuevo trabajo, las necesidades económicas…

 Hoy, cualquier persona puede verse amenazada, por unas u otras causas, pero principalmente por la falta de trabajo de quedar en situación de exclusión social.

 La masiva pérdida de empleo consecuencia de las distintas variables de la crisis que empezó afectando en primer lugar a trabajadores/as con contratos temporales –población inmigrante y trabajadores de la construcción- ha acabado alcanzando a los trabajadores fijos en los ámbitos más diversos, y por consiguiente, a familias que hasta hace poco tiempo, no se encontraban en ninguna situación cercana a la precariedad, a la pobreza o a la exclusión. El constante incremento del desempleo en nuestra Comunidad, y en todo el país, es el factor desencadenante del aumento de la exclusión social[1].

 El apartado “siguiendo la moda de los oráculos” del libro “No miedo” de Pilar Jericó, narra que el riesgo de morir por un ataque al corazón aumenta cinco veces en aquellos trabajadores/as que se libran de una reducción de plantilla, los motivos: la fuerte tensión e incertidumbre por ser los siguientes en perder el puesto de trabajo; y por otra parte, había que seguir realizando la  misma cantidad de trabajo con menor número de personas (intensificación del trabajo).

Existen  estudios que confirman que la precariedad laboral causa enfermedad mental, incrementa la frecuencia de accidentes y aumenta a largo plazo el riesgo por muerte de cáncer y enfermedad cardio vascular.  Los trabajos precarios, con un nivel de exigencia elevado, la falta de control y con escasa recompensa al esfuerzo tienen efectos deletéreos en la salud física y mental.  La precariedad laboral no sólo es sinónimo de temporalidad laboral, sino que incluye unas características y conceptos que están vinculados a la misma, las características más relevantes son el desempleo juvenil, la rotación contractual, la temporalidad, y la siniestralidad.

La Sociedad Española de Salud Pública y Administración Sanitaria (Sespas) realizo un informe en enero de este año donde llega a la conclusión de que la crisis económica está perjudicando seriamente la salud de los trabajadores. “Las políticas de flexibilidad laboral contra la crisis tienen un impacto negativo sobre la salud” indica el informe. Los 56 expertos que han participado en la elaboración del informe denunciaron que habian bajado los salarios y  crecido la inseguridad en el empleo,  que los más desfavorecidos están siendo las mujeres, los jóvenes, los inmigrantes, los que realizan trabajos manuales y los que pertenecen a familias que tienen a todos sus miembros en paro.

El informe de Sespas destaca que la precariedad laboral provoca fatiga, dolor de cabeza, molestias musculares…y que el trabajo temporal duplica las posibilidades de sufrir accidentes de trabajo.

Juan Oliva, profesor de Análisis Económico y Finanzas de la Universidad de Castilla – La Mancha y coeditor del informe, manifestó por otra parte, que en época de crisis “aumenta” el presentismo laboral. Un nuevo fenómeno que consiste en acudir a trabajar, a pesar de no estar en condiciones por miedo a perder el empleo. Esto provoca patologías diversas y trastornos mentales a  largo plazo, como la depresión y la ansiedad.
 

Otro  informe publicado por la Agencia Europea para la Seguridad y la Salud en el Trabajo sobre riesgos psicosociales revela que los cambios técnicos u organizativos en el mundo laboral, junto con los cambios socioeconómicos, demográficos y políticos, incluido el fenómeno de la globalización, han originado riesgos psicosociales de carácter emergente que están teniendo consecuencias sobre la salud de la población debido a que pueden provocar entre otros efectos un mayor estrés laboral y repercutir en la salud y la seguridad de los trabajadores/as.

Estos riesgos han sido agrupados en cinco áreas, entre estas áreas podemos destacar: las nuevas formas de contratación laboral caracterizadas por la aparición de contratos de trabajo cada vez más precarios;  la subcontratación e inseguridad en el puesto de trabajo;  la intensificación del trabajo;  las fuertes exigencias emocionales en el trabajo, junto con un incremento del acoso psicológico y de la violencia, y la falta de conciliación de la vida laboral y familiar.

¿Y que pueden hacer las empresas?, ¿Y los trabajadores/as?

Pilar Jericó de una forma vital y sostenida nos anima a hacerlo de la siguiente manera: Pánico en la familia. El padre o la madre han perdido el trabajo.  Los miedos forman parte de las conversaciones de la cena: hipoteca, colegio, qué pensarán los amigos…Pasado un tiempo (según la empleabilidad y la red de contactos) se comienza una nueva vida profesional….Puede que sin tanto dinero o sin tanto estatus, pero se arranca otra vez..¿Y qué? ¿Y qué si pierdo mi estatus? ¿Acaso afecta a lo que soy?. No, aunque sí a lo que tengo. Cuando uno se asienta sobre su misión ( y su ser) puede mirar al miedo sin temerlo. Los trabajadores/as, tenemos la posibilidad de enfrentarnos a nuestro propio miedo y mirarlo a la cara.

Pero también,   si por la pérdida de empleo los trabajadores nos vemos inmersos en un proceso de exclusión social,  la solución no sólo dependerá de nosotros sino  de que  los poderes públicos competentes actúen de forma decidida y eficiente sobre las causas multidimensionales de la exclusión social.

¿Tener o ser? Es la dualidad a la que nos enfrentamos a la hora de definir nuestra misión.  Hay que basar nuestra misión y autoestima en el ser. Quien trabaja sobre el ser es un triunfador nato. La neurosis de nuestra sociedad es el vacío existencial. Y para evitarlo lo rellenamos con cosas superficiales: Bienes materiales, posición económica…En definitiva todo lo que después tememos perder.

El pan nuestro de cada día en la empresa es la presión por los resultados, el estrés por evitar el fracaso, e incluso la incertidumbre por la pérdida del empleo…Esta gestión es inevitable, pero la empresa tiene margen para maniobrar, aunque debe elegir entre dos alternativas: La gestión basada en el miedo o la gestión no miedo basada en el talento, la innovación y el cambio. Si la empresa desea talento, su desafío es conseguir que sus trabajadores/as trabajen por un fin último más trascendente que el puro tener. Que nos de sentido de contribución. Para ello la empresa tendrá que apostar entre otros,  por la mejora de las condiciones de empleo y de trabajo, la autonomía en el puesto y la estabilidad en el empleo.

Una última sugerencia: Póngale cara al miedo, piense en cuál es su causa concreta y cuáles podrían ser las soluciones alternativas. Evitemos los miedos ambiguos.  En la medida que los hagamos concretos, con sentido común, seremos capaces de mirarlos a la cara y buscar alternativas. Además al final conseguiremos salir adelante.

 


1)  El término de exclusión social supera al de pobreza, en el sentido de que no se define en términos puramente económicos sino de un tipo más amplio de participación en la sociedad.  Las causas de la exclusión social son multidimensionales y se enmarcan en un proceso de pérdida de integración o participación del individuo en la sociedad, en uno o varios de estos ámbitos:

1.        Económico (en la producción o en el consumo)

2.        Político-legal (participación política, sistema administrativo, protección social, etc.)

3.        Social-relacional (ausencia de redes o problemática dentro de las redes sociales o familiares)

La situación de inclusión o exclusión social de un individuo se define, por tanto, en términos relativos a la situación del individuo con respecto a la población considerada mayoritaria, valorando la situación de la persona con respecto a la posibilidad de ejercer los derechos sociales de la mayoría.
La vulnerabilidad social es  en cambio, un concepto utilizado para describir una zona intermedia entre la integración y la exclusión social. Una persona vulnerable es aquella cuyo entorno personal, familiar, relacional, socio-económico o político-administrativo padece alguna debilidad y, en consecuencia, se encuentra en una situación de riesgo que podría desencadenar un proceso de exclusión social.
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